Crónica de nuestra experiencia vocacional con naporunas

“El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza…” (Lc 9,58), fueron las palabras del Evangelio que nos motivaron a realizar esta experiencia vocacional en la Fraternidad misionera de Nuevo Rocafuerte. Cuatro inquietos y valientes jóvenes: Carlos Mendoza, de Junín; Edgar Aguinsaca, de Loja; Jonathan Chávez, de Portoviejo; y, Miguel Peñafiel, de Colimes. Con el objetivo bien claro de compartir la vida y la fe entre los naporunas (gente de la ribera del río Napo), y para que los jóvenes vocacionados conozcan y se entusiasmen por la misión en las comunidades kichwas, emprendimos esta aventura entre los días 12 al 26 de mayo de 2013 atraídos por el trabajo minorítico que realizan los hermanos en este lejano rincón amazónico de nuestro Ecuador.

Aunque las palabras siempre quedarán cortas al momento de describir una experiencia vocacional, pues mejor es vivirla que escucharla, les contaremos en breve lo que nos sucedió en esta ocasión.

El día sábado 11 de mayo, como preparación a la 7ma caminata al Coca con Alejandro e Inés, los jóvenes aspirantes capuchinos participaron en la pre-caminata hacia la Virgen del páramo (Pifo-Papallacta). El día domingo 12 de mayo partimos muy temprano desde Quito hacia Francisco de Orellana, más conocida como ciudad del Coca. Al llegar allá, el recibimiento de los hermanos de la Fraternidad del Coca fue amable y lleno de buenas atenciones. Gracias hermanos.

Al día siguiente estábamos listos para tomar la canoa de turno rumbo a Nuevo Rocafuerte, frontera oriental con el vecino país del Perú, contemplando durante unas siete horas de viaje la belleza del río Napo y la espesura de nuestra selva ecuatoriana.

Una vez llegados a nuestro destino, el hermano Freddy nos esperaba con un cálido abrazo, pero sobre todo con algo delicioso para saciar el hambre, un rico estofado de guatuso, la especialidad de la casa.

En este remoto lugar de nuestro país, los hermanos capuchinos tenemos una presencia misionera dedicada a la atención pastoral de las comunidades naporunas y colonas que viven a lo largo de la ribera del río Napo.

En la primera semana de nuestra experiencia nos organizamos de acuerdo al ritmo fraterno de la casa:

la oración, el trabajo manual, el compartir, la recreación, pero también tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre nuestra vocación en torno a las figuras de Alejandro Labaka e Inés Arango, mártires capuchinos aquí en el oriente. Nos entusiasmó la entrega incondicional hacia los más abandonados, las minorías étnicas, pero también despertó en nosotros el llamado y el desafío a seguir su ejemplo misionero.

Los días 18 y 19 de mayo, se tenía planificado la clausura de la catequesis en dos comunidades kichwas. El hermano Freddy junto con Carlos y Miguel fueron a Sinchichicta, por otro lado, la hermana Dora (terciaria capuchina) fue acompañada de Edgar y Jonathan a la comunidad del Tereré, cada grupo realizó una amena convivencia de catequesis. El resto nos quedamos con el P. Dick acompañándole a las misas de Nuevo Rocafuerte y Tiputini.

No podían faltar también los detalles que van construyendo nuestra vida fraterna, pues una madrugada, adelantándose al cantar de los gallos, los jóvenes vocacionados deleitaron con su canto armonioso al cumpleañero. Dios les pague hermanos por el gesto.

La segunda semana de la experiencia estuvimos en Tiputini y Pandochicta con la misión de reforzar la catequesis y preparar para bautizos de mayores. Fue una experiencia muy bonita sobre todo por la acogida y el cariño de la gente con la que pudimos compartir su vida y sus costumbres, en especial la deliciosa y nutritiva chicha, elemento cultural muy propio de los kichwas naporunas.

Tuvimos también la oportunidad de realizar una obra social en la comunidad de Santa Teresita, junto con la sra. Dalma y el joven Tito que trabajan en el Hospital Franklin Tello de Rocafuerte. La misión consistía en ayudar a un hombre anciano, que vive solo y es ciego, construyéndole un fogón, un pasillo de la choza donde duerme a la cocina y una escalera. Nada difícil para un grupo de voluntariosos misioneros. El buen hombre se quedó con el corazón agradecido y nosotros con la satisfacción del deber cumplido.

Casi concluyendo la experiencia evaluamos nuestra breve estadía por el río Napo, con la esperanza e ilusión de volver algún día como misioneros a estas tierras encantadas. Se destacó la buena acogida de la Fraternidad de Nuevo Rocafuerte, a quienes les quedamos enormemente agradecidos, la intensidad con la que se vivieron estos días de gracia y los momentos de sinceridad y corrección fraterna que nos ayudaron a conocernos y a crecer como grupo.

Se enfatizó también lo mucho que les ha ayudado a los jóvenes estos días para su discernimiento vocacional pues, a pesar de las dudas, miedos y crisis que se pueda experimentar en el camino, se va sintiendo cada vez con más fuerza y realismo el llamado de Dios. Ánimo jóvenes que aún nos queda camino por recorrer.

Dios les pague a todos los hermanos y hermanas que nos sostienen con su oración y sigamos pidiendo para que estos y muchos otros jóvenes disciernan y, sobre todo, se arriesguen por seguirle a Jesús en este tiempo lleno de contradicciones y frente a una sociedad que clama profecía y testimonio. Un abrazo para todos.

Un servidor…

Hno. Fernando Ortega, capuchino

Comentarios   

+3 # Guest 07-06-2013 23:37
Es grato volver a ver a la hermana Dora en la obra de las hermanas terciarias capuchinas dios la bendiga por la labor que realizar y que le de fuerzas pa continuar en esta labor
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+1 # Guest 22-06-2013 17:42
El grupo de los vocacionados esta creciendo me alegra mucho verlo lo malo con el viaje a Nuevo Rocafuerte son las doce horas en canoa que hay que jalarse pero cuando viajas con amigos las horas pasan volando pero si vas solo las horas se hacen dias.
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