ORDEN CAPUCHINA EN EL ECUADOR

PASTORAL VOCACIONAL

DISCERNIMIENTO VOCACIONAL CAPUCHINO

“Levántate toma tu camilla y camina...”

Natabuela, del 18 de agosto al 9 de septiembre 2012

Crónica

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El discernimiento vocacional es la última experiencia que ofrecemos en la Pastoral Vocacional Capuchina previo al ingreso del candidato al postulantado. La realizamos en la Hermandad del Siervo Sufriente, en Natabuela, provincia de Imbabura, junto con las hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia. Como responsables estuvimos los hermanos Fernando Ortega, Oscar Ramos y Martha Mendoza; los jóvenes participantes de esta experiencia de discernimiento fueron: Marcelo Pumacuro, Fabricio Fuentes, Gabriela Chillogano, Henry Tituaña, Jairo Saá, Esteban Alvarado y Cinthya Bocón. Nos colaboró también unos días la hermana Gabriela Valdiviezo, postulante terciaria capuchina.

Previamente, del 17 al 21 de agosto, tuvimos tres días de preparación en la fraternidad de Ibarra, reflexionando sobre la experiencia de Dios, con el texto de Jn 5,1-9 sobre el paralítico de Betesda, el encuentro de Francisco con el leproso, el sentido salvífico del sufrimiento, la invitación de Jesús a sanar las propias heridas y, desde allí, aliviar las heridas del prójimo.

Agradecemos de todo corazón la colaboración de los hermanos y hermanas: Roberto Vargas, Rodolfo Erburu, Juan Jima y Liliana Cajamarca, por la disponibilidad a compartir su experiencia de vida, al igual que a los hermanos Manuel Jarama, Marcelino Armendáriz y Francisco Ostériz por la gran acogida que nos dieron.

El día miércoles 22 de agosto, luego del desayuno, nos dispusimos a partir de la Casa del Siervo Sufriente con muchas expectativas y entusiasmo para poner en práctica lo compartido en las charlas.

Nos recibieron con mucha alegría los siervos sufrientes y la hermana Teresita  Rivera. Sin demora nos pusimos manos a la obra, pues en la Hermandad hay mucho que hacer; unos fueron a arreglar el lugar donde pernoctaríamos esos días, otros a barrer y los restantes a la cocina para hacer el almuerzo.

Cada siervo, con sus limitaciones y fragilidad, reflejaba en su rostro al mismo Cristo sufriente. Sergio, Anita, Maritza, Gloria, Amada, Bolívar, Juanita, Ana María, Bienvenida, Rosario, José Miguel, José, Pituco, Felipe, Rosita, Isabel, Blanca, Princesa, Luz, Mercedes y Margarita son algunos de los siervos que nos han regalado la luz de Cristo en estos días que hemos compartido con ellos.

En los momentos de evaluación fraterna, por las noches, todos coincidimos en la impresión que nos dejaba el rostro sufriente de estos siervos de Dios, pero también nos edificaba la alegría que desbordaban a pesar de sus dolencias; por eso, como Francisco, era necesario morir a uno mismo para que, lo que antes era repudiable y amargo, se convirtiera en agradable y dulce.

Cada día en la oración, a eso de las 05h30, el Evangelio iluminaba nuestra jornada y nos animaba, experimentando al Dios Bueno que nos invitaba a seguirle y a dar nuestra vida por aquellos que necesitan, los últimos y marginados.

Nuestro servicio a los siervos comenzaba desde las 06h00 bañándoles, cambiándoles de pañal, cocinando, arreglando la casa, lavando la ropa; y así una labor intensa durante todo el día. Unas de las frases que se encuentran en la casa expresaba en pocas líneas la entrega gozosa que queríamos dar: “No puedo hacerlo todo, pero todo lo que hago puedo hacerlo con amor”.

En pocas palabras, el siervo sufriente es una verdadera escuela de vida y de espiritualidad; de hecho, es mucho más lo que se aprende y se recibe de los siervos que viven allí, que lo que uno puede darles a ellos. Nos edificaba su alegría aunque aparentemente no tenían nada; lo cual nos muestra que el mismo Dios se expresa en cada uno de ellos, en cada situación dolorosa, también en la fraternidad y la hermandad que se vive allí y que anima el servicio y el compartir diario.

Esta experiencia de discernimiento vocacional ha significado un espacio de búsqueda del sentido de la vida, escuchar al Maestro que nos llama con insistencia y nos invita a levantarnos de nuestra parálisis para seguirlo sin temor ni dudas en el servicio generoso y entregado por la causa de Reino de Dios.

Terminamos nuestra experiencia de discernimiento vocacional con un desierto espiritual en las faldas de los Ilinizas, el día sábado 8 de septiembre, que llevó a los jóvenes a una decisión definitiva hacia la vida religiosa capuchina.

El último día, el domingo 9 de septiembre, realizamos una excursión al Pasochoa, finalizando nuestra experiencia con un espacio de recreación, exigencia y compartir fraterno.

Damos gracias a Dios por su gran bondad y por llamarnos a ser sus discípulos y misioneros, y agradecemos también a todos los hermanos y hermanas que han estado unidos a nosotros en la oración.

Que Dios conceda el don de la vocación a estos jóvenes y les otorgue la fidelidad y perseverancia en el camino capuchino.

¡Dios sea bendito y ánimo jóvenes que el Señor les llama!

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