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FRATERNIDAD DE COCA

La vida de la fraternidad de Coca no ha cambiado mucho durante este tiempo de la pandemia, desde marzo hasta ahora, porque sigue dedicándose al servicio incondicional al Vicariato en varias maneras y con diversas actividades.

Somos una fraternidad normal y corriente que tratamos de acoger a las personas que vienen a la casa, ya sean capuchinos, misioneros/as, kichwas, waoranis, penitentes, campesinos… y a quienes quizá esperan una palabra de ánimo de José Mary, algunas palabras desafiantes y “matracas” de José Miguel, o quizá ese reclinatorio, atril, porta-celular, o bancas… todo lo que tiene que ver con la madera y el cariño del “taxi amigo” Ángel Mary. A veces para animar al Vicariato, otras para suplir o apoyar a otros, y casi siempre para ser ánimo y esperanza, servicio y fraternidad… Simplemente, es la cotidianidad de la fraternidad de Coca.

También hemos tratado de colaborar en la animación del Vicariato desde las pantallas de zoom, los mensajes de whatsapp, las tutorías de Comunicación, el curso de Espiritualidad Capuchina, el consuelo virtual-cordial en los muchos duelos… Han sido meses de “acompañamiento” sencillo y silencioso, personal y a la vez masivo, gracias a las redes sociales y a los diálogos personales-familiares. Hemos ayudado a que el Vicariato siga activo, así como otras instancias pastorales en que participamos, intentando no dejarnos aplastar por el confinamiento y la resignación del encierro.

Un evento importante para nuestra fraternidad fue la preparación y desarrollo de la Asamblea de evaluación y programación pastoral del Vicariato. Esta vez ha sido virtual (con unos pocos misioneros físicamente presentes) con la ayuda de las videoconferencias, redes, recursos digitales… y también con la reflexión personal, grupal, comunitaria. Ha sido un ejercicio de esperanza en medio de nuestra realidad, de proyección a pesar de las dificultades, y siempre soñando despiertos con nuestra “querida Amazonía”, la identificación con el Vicariato y aportando la espiritualidad “franciscana” (de Francisco de Asís, de los Capuchinos y del Papa Francisco).

Al final de esta Asamblea de septiembre, nos damos cuenta que el Espíritu nos acompaña y empuja de manera presencial o virtual, con la creatividad personal y con las opciones sinodales, hacia el nuevo Plan Pastoral 2020-2030. Este modelo de encuentro misionero nos ha recordado la “Caminata Virtual 2020”, que supuso una modalidad nueva para la permanente opción misionera (¿recuerdan los “hermosos pies del mensajero que anuncia la paz”, con Alejandro e Inés, entre el 9 y 21 de julio?).

También hemos compartido la indignación y acción de las comunidades indígenas (campesinas y urbanas) afectadas por el derrame de abril pasado, que ha dañado el ecosistema de los ríos, vegetación, gente… y que ha supuesto todo un esfuerzo legal y real con el famoso juicio por los derechos humanos, colectivos y ecológicos. Se demandaron a las empresas públicas y entidades gubernamentales por su indolencia, abandono y desprotección.

Los capuchinos también hemos participado en el proceso judicial, en las conversaciones y discusiones fraternas… Se ha recurrido la primera sentencia desfavorable, porque la gente sigue afectada, perjudicada, engañada y desacreditada… frente a la maquinaria propagandística y jurídica de quienes deben defender a la población, en lugar de estar “defendiéndose de los perjudicados”.

Y ahora estamos en la 12ª Semana Teológica de la Vida Consagrada del Ecuador, que sigue organizando la CER cada año. Es una semana teológica virtual, con más de 1100 religiosos y religiosas de Ecuador y de diez países más, con la animación de José Cristo Rey García Paredes, sobre “El encanto de la Vida Consagrada: una Alianza y tres Consejos”. Toda una experiencia de re-encantamiento de nuestra vocación e identidad consagrada, todo un esfuerzo de creatividad digital, toda una vida consagrada buscadora de Dios y entregada a su Reino… y con unos pocos capuchinos participantes.

La fraternidad de Coca la conformamos hermanos con la media de edad más alta (74,25 años/media); con la experiencia de los años y de los avatares… con el ánimo de mirar con esperanza el futuro lleno de justicia y dignidad para las comunidades, para las familias, para los desanimados/as… Pero también una inspiración para las nuevas generaciones de misioneros/as que fortalezcan al Vicariato y a la Custodia con la entrega cotidiana o extraordinaria.

Jesús García

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