(1936-2013)
 
El hermano Santiago Ramírez, comparte desde hoy, plenamente su vida, en esa nueva dimensión de la eternidad, en la que siempre creyó y esperó. Sí, estamos seguros que ya se ha encontrado con Jesucristo Resucitado a quién amó y anunció con todo su ser, como hermano, sacerdote y misionero capuchino, en todo el mundo, pero sobre todo en Ecuador donde permaneció la mayor parte de su vida. Aquí unas sencillas palabras salidas del corazón, para volver a recordar a este hermano que fue una visita de Dios para quienes tuvimos la oportunidad de haber cruzado nuestra vida con la suya. Así podemos decir que él transformó todo lo ordinario en una vivencia especialmente cotidiana para Dios, para él mismo y para todos nosotros. Quiero compartir con sencillez la huella que su presencia dejó marcada en algunos de nosotros.

Fue un hermano profundamente humano y espiritual.- La sensación primera que algunos tuvimos al conocer a Santiago, era un tanto paradójica, ya que observábamos, por un lado, a un hombre de apariencia física débil y frágil, largo y alto como un junco; pero, por otro lado, a medida que uno se acercaba más a él, la paradoja desaparecía y de pronto te encontrabas con un ser humano profundamente fuerte, de esos que su sóla presencia y cercanía te atrapaban porque desbordaba un humanismo y una espiritualidad tal en que no quedabas indiferente, ya que, por decirlo de alguna manera, Santiago irradiaba lo que vivía y cultivaba: interés y amor a las personas concretas y amor a Jesucristo. Las dos vivencias: humanidad y espiritualidad estaban clara e íntimamente unidas. En lo humano, Santiago se interesaba de verdad por las personas y por los acontecimientos que afectaban de manera profunda sus vidas. Tenía encarnado en su ser a las personas más pobres, algo que como él mismo decía “lo aprendí en el caminar junto a Monseñor Leonidas Proaño en su opción por los pobres y la implantación de la Iglesia Indígena y estando junto al pueblo pobre de las comunidades indígenas del Chimborazo, en Ecuador”. Su deseo inicial cuando partió como Misionero de España a Ecuador cuando aún era muy joven, fue ir al Vicariato de Aguarico en la Amazonia ecuatoriana e internarse en el trabajo misionero con las comunidades más pobres de la selva; sin embargo sus caminos o más bien los caminos de Dios para él fueron por otro lado, en la entonces Custodia de Ecuador, donde desplegó una consistente labor fraterna, teológica, espiritual y de gobierno. La Iglesia de Ecuador y de América Latina y la nuevamente Custodia de Ecuador tuvimos la gracia de contar con un hermano realmente sabio y santo que fue un referente de vida humana y espiritual para nosotros:

Fue un hombre de la escucha atenta y empática.
Cuando pedíamos una cita para hablar con Santiago, él era todo “ojos y oídos”: dejaba todo lo que estaba haciendo ese momento, algunas veces desconectaba el teléfono de la habitación o del despacho - ya que eligió no tener teléfono celular-, te escuchaba sin prisas y con todo el cuerpo. Como un buen conocedor de las personas –dirían los psicólogos humanistas-, permanecía en el marco de referencia de la persona que acudía en su ayuda. Sólo existías tú, ese momento. Los que tratamos con él recordamos que le importaba de manera total la persona o las personas con las que estaba hablando ese momento. Te escuchaba con el corazón, jamás te interrumpía, nunca imponía, siempre proponía respuestas como estas: Quizá sería bueno que mires esto…… me alegro que te esté sucediendo aquello…..ante lo que te está pasando, es bueno que lo revises y lo confrontes con otras personas….a veces es bueno que no todo salga bien, para aprender a ser humildes…sigue revisando aquello que te está pasando, que ya encontrarás una salida….ah, no olvides unir y ofrecer todo lo que te está pasando, al sufrimiento que viven los pobres. Cuando hace unos meses pasé por la fraternidad de San Antonio en Pamplona, me preguntó con creciente interés por mis estudios en Psicología Humanista y Espiritualidad. Mientras le contaba me escuchaba y miraba atentamente y me decía asintiendo con la cabeza: sigue por ahí… este mundo necesita de ese humanismo en el que te estás formando…. Y añadía:… tenemos que ser terapeutas de la vida, hay tantas heridas en esta humanidad llena de contradicciones, pero no olvides que Jesús, con su humanismo, esta salvando al mundo. Me pidió Bibliografía y uno de mis libros de terapia familiar que llevaba, mientras él me daba el libro del sociólogo Zygmunt Bauman, sobre el hombre y la sociedad líquida, que se había leído. Me dijo: “Es interesante la visión de este autor sobre los tiempos líquidos que estamos viviendo….
 
Fue un sabio formador de formadores. Cuando Santiago se reunía con los hermanos formadores de la Viceprovincia o cuando le pedían alguna charla para los formadores de la Vida Religiosa de Ecuador o de algún país de América Latina –donde lo llamaban con frecuencia- para exponer temas sobre formación, teología de la vida religiosa o ejercicios espirituales, nos insistía en que hay que saber permanecer con amor en la tarea encomendada, entregarse a la fraternidad, crear consenso, trabajar con honradez, ser coherentes, escuchar a los formandos continuamente, hacer discernimiento y actuar conforme a ello. No se cansaba de decirnos a los formadores: estén con los formandos todo el tiempo que puedan….estén siempre disponibles para escuchar a los formandos, e insistía: estar…estar….estar, ya que la formación necesita la presencia del formador en la casa como su primera tarea.
Fue un creyente que nos hablaba del Dios al que él oraba continuamente. Los que conocíamos a Santiago sabíamos o más bien sentíamos que él nos hablaba de Dios y de Jesucristo y lo hacía con sus palabras, con sus gestos, con su lenguaje no verbal –dirían los humanistas-, es decir, Santiago transmitía a Dios hablando y sin hablar. Lo hacía de una manera viva, que te encendía el corazón, ya que tras hablar con él, salías de manera diferente, salías con fuerzas renovadas y con una visión diferente de la vida o del problema que te agobiaba. Te decía palabras como estas: Dios está haciendo su obra contigo…ante esta cruz que estás viviendo, pásate largos ratos diarios ante el crucificado y no salgas de la capilla hasta que no te de una respuesta…De los errores también se aprende y la historia es salvada por Jesús, aunque esté el pecado…este sufrimiento si lo unes al de Jesús, tiene un sentido grande…Todos somos testigos que por todas las fraternidades del mundo por donde pasó y vivió Santiago: Ecuador, Colombia, España…había un lugar donde pasó la mayor parte de sus horas: la capilla. En los lugares donde se establecía, le gustaba orar colocando su silla muy cerca del Santísimo. Algunos le vimos noches enteras en que se pasaba en oración junto al Sagrario. Yo le vi entrar en una noche del 24 de diciembre hace ya casi 30 años en el eremitorio de la fraternidad de Pifo. Después de Navidad yo no podía dormir –quizá porque era mi primera navidad lejos de mi familia y fui al eremitorio. Eran las dos de la mañana. Ahí estaba Santiago, en el mismo sitio. No entré. Por curiosidad volví a las tres, luego a las cuatro… y seguía allí. Volví las tres horas siguientes y él seguía estando allí. A las ocho teníamos laúdes. El continuó la oración, normalmente, con todos nosotros. Otros hermanos comentaron que también le habían visto en otras ocasiones permanecer largas horas orando en la capilla con la Biblia. Con posterioridad, cuando fue Viceprovincial y le buscábamos en la Curia sin haberle avisado antes… al no encontrarle en la habitación lo encontrábamos en la capilla, en la primera silla lateral de la izquierda, junto al Santísimo. Una vez que te veía, lo dejaba todo y se entregaba a escucharte o atenderte.


Fue alguien que nos invitó a ver al crucificado en los crucificados de la sociedad.
Santiago apoyó los procesos de hermanos y fraternidades de inserción en áreas marginales y pobres, el trabajo de animación de los formandos con los enfermos de VIH SIDA; el trabajo pastoral y las visitas a los negros del Chota, Carpuela y Ambuquí. Unas veces pasaba semanas enteras animando el caminar de las religiosas Combonianas en la Zona del Chota, una región muy pobre y desértica donde vive una importante población de raza negra. Otras veces permanecía largas semanas con una comunidad de Religiosas Indígenas, fundadas por Monseñor Proaño, el Obispo de los Indios, que vivían de su trabajo en las labores agrícolas y llevaban como hábito su atuendo indígena. Iba cuando ellas lo llamaban y las acompañaba humana, formativa y espiritualmente. En la Viceprovincia como hermano y como guía durante doce largos años en que fue Ministro Viceprovincial, dejó su sello de opción y cercanía por los más necesitados. Quería que la Viceprovincia fuese una familia de hermanos que optando por los pobres estuvieran entre los más pobres. Favoreció que la mayoría de nuestras fraternidades fuesen más lugares de Espiritualidad y compromiso social que Parroquias. Así, de nuestras presencias fraternas sólo dos son Parroquias. Si bien esta fue una opción de todos los hermanos, una buena parte de este trabajo fue impulsado por nuestro hermano Santiago. Cada vez que hablaba del evangelio del Samaritano, unía su reflexión a la opción de Francisco por los leprosos y nos invitaba a llevar siempre la presencia y el amor de Jesús a los más pobres.

Fue un teólogo sabio y santo con un amor grande a la Iglesia. Es sabido por todos que Santiago fue transformado en su visión de la sociedad y de la Iglesia a la luz del Concilio Vaticano II y en contacto con los indígenas pobres – algunos aún esclavos en varias haciendas de Ecuador-, junto a monseñor Proaño. Siempre estuvo cerca de los marginados, apoyando todos aquellos signos de encarnación del Evangelio en formas nuevas. Era crítico con la Iglesia tradicional, pero no con aquella crítica mordaz que sólo se queda en el lamento, la rabia y el reclamo, sino que era el hombre que nos proponía cuál debe ser nuestra misión y postura en esta Iglesia, buscando siempre la comunión. Al mismo tiempo, era muy respetuoso con los Pastores, invitándonos a crear comunión con ellos a pesar de las diferencias. Cuando alguna vez escuchó a un hermano criticar duramente a un Obispo, él respondió: será –refiriéndose a un Obispo en concreto- de una línea diferente, ya que en la Iglesia cabemos todos, pero me consta que es un hombre honrado y consecuente con sus principios. Hasta el final de su vida mantuvo su comunión con la Iglesia y sus pastores, dejando ver su clara opción por los pobres también hasta el final, y aunque no apoyaba ciertas manifestaciones externas de grandeza institucional, se emocionaba con los hermanos y las personas de Iglesia que abrían nuevos y humildes caminos para estar con los más pobres de la sociedad. Esto se le notaba porque su lenguaje era más fluido cuando hablaba de la Iglesia y los pobres. La penúltima vez que le vi en la fraternidad San Antonio de Pamplona, hace un año aproximadamente, le sugerí que me recomendara algún libro de teología en plan de reflexión y me dijo: si puedes lee los tres tomos de Benedicto XVI, sobre Jesucristo, no tienen pierde. Por gastarle una broma le dije: Santiago, ya no pareces un teólogo de de la Liberación y me respondió: qué más da, lo importante es que la obra de Benedicto XVI es una obra teológica de un hombre sabio y santo, que nos transmite sabiduría y nos invita a la santidad y eso es lo que importa”. Volviendo a lo paradójico de Santiago, hace pocos años los Obispos del Ecuador le pidieron que les dirigiese una semana de Ejercicios Espirituales. Al terminar nos contó qué había encontrado mucha comunión y que incluso uno de aquellos obispos que años atrás le llamó la atención duramente por no estar de acuerdo por su postura ideológica y pastoral, ahora se acercaba para darle la gracias porque le habían gustado mucho estos retiros. Este era Santiago, el hermano que era capaz de vivir la comunión con la Iglesia y sus pastores, más allá de las diferencias personales o ideológicas.

Fue un hermano de gobierno, entregado a la Orden, a la Provincia de España y la Custodia de Ecuador. Las cifras se mencionan rápido, doce años se dicen fáciles. Ese fue el tiempo que nuestro hermano Santiago ejerció su servicio como Ministro Viceprovincial, en dos periodos diferentes, en dos etapas marcadas por la transición y los cambios vertiginosos a nivel de la sociedad, de la Iglesia y de la Orden. Santiago fue así, testigo de mucho gozo, pero también de mucho sufrimiento en la vida religiosa de Ecuador y de la Viceprovincia. Disfrutó del gozo de la entrega de los hermanos pero también de los sinsabores de otros hermanos que abandonaban la Orden o dentro vivían sin motivación su propia vocación. Santiago abrió caminos de esperanza, de entrega, de fraternidad, de espiritualidad y los frutos están plasmados en las personas y en sus obras. De manera personal, tuve el regalo de contar con él en los seis años que estuve de Ministro de la entonces Viceprovincia de Ecuador, desde el 2006 al 2011. Cuando llegó al Consejo de la Viceprovincia tras la renuncia de uno de los consejeros, me dijo de manera personal: yo ya estoy viejo y creo que la gente joven es la que tiene que tomar las riendas de la Viceprovincia, como tú lo haces ahora. He aceptado por apoyarte, pero ten la libertad de obrar como tú veas y sientas las cosas, porque tú eres el Ministro y en él hay “Gracia de Estado” y el Espíritu te va a conducir con tus aciertos y errores. Ánimo. Estas palabras llegaron como una brisa fresca, en medio de un ambiente, algunas veces caldeado por una serie de tensiones y conflictos personales e ideológicos entre nosotros los hermanos. Ya en el Consejo las palabras de Santiago eran para el Consejo: Animo…busquemos el consenso…..no agotar nunca el diálogo….que el Viceprovincial visite mucho las fraternidades y hable con los hermanos largamente y sin prisa….Frente a una decisión fuerte o hacia una acción concreta que afectaba a uno o varios hermanos nos decía: primero oremos, hagamos un discernimiento, volvamos a dialogarlo otro día. Algo que me llamaba la atención tras cada reunión del Consejo era esto:…Bueno, aunque aquí hayamos dicho esto y aquello, tú como ministro, si ves de manera diferente actúa como tú lo ves, que para eso eres el ministro. No te condiciones por nuestras propuestas e ideas si tú ves algo diferente…el Consejo, aconseja pero tú tienes la palabra y adelante. Recuerdo que a raíz de una decisión, equivocada por mi parte que trajo mucha crítica, me sentía desanimado. Al hablar con él me dijo: “de los errores se aprende, es bueno que te equivoques, eso nos ayuda a confiar más en Jesús… pobre de ti si siempre todo te sale bien… mira la historia de la salvación está hecha de aciertos y desaciertos, de pecado y gracia, lo importante es darnos cuenta y ver que la obra no es tuya sino de Dios… eso nos ayuda a confiar”… Podría decir muchas cosas más pero sólo quiero destacar esa veta humana y espiritual de un hombre grande como Santiago. En mis estudios de psicología humanista en Madrid, he recordado durante este tiempo a Santiago porque a nosotros que nos preparamos para ser psicoterapeutas se nos pide que seamos personas empáticas, que sepamos escuchar, que desterremos el juicio y la crítica negativa a los demás; que seamos contenedores emocionales; que busquemos atender la parte más enferma de las personas para ayudarles a sanar, etc., son cualidades curativas que con creces las ha vivido nuestro hermano Santiago, como las vivió Jesús, que fue como dice José Antonio Pagola: Un curador de la vida.

Nuestro hermano Santiago Ramírez acaba de librar, de manera consciente, el último combate contra un agresivo tumor cerebral que, como una hidra mitológica, salía por sus fosas nasales. Quienes han tenido el dolor y la dicha de recorrer junto a él el tramo final de su historia, pudieron comprobar más de cerca la paz que transmitía este hermano nuestro, habitado por el Absoluto, en medio del dolor y la incomodidad física, desde donde pudo expresar una vez más su grandeza humana y la madurez de una fe probada en el más duro crisol de la enfermedad. El combate ha terminado para Santiago y la voz del amado le dice: Ven, Bendito de mi padre a compartir el Reino preparado para ti desde la creación del mundo.

Hno. Adalberto Jiménez Mendoza.
 
 

Eres el Visitante:visitas

Záparos N50-60 y Cristóbal Sandoval - Telfs: 593 2 3302 373 / 2441 828 - Quito • Ecuador