Carta de Navidad 2012

 

Pregoneros de vida y esperanza

 

“El ángel les dijo: no teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor”. Lc 2, 10-11.

Vivimos en un mundo lacerado por injusticias de todo tipo, flagelado por la violencia y roto por la falta de reconciliación. Los signos de muerte y miedo nos inundan. En la “Cuarta semana teológica de la Vida Religiosa del Ecuador”, se nos recordaba que las amenazas a la vida, en vez de ir decreciendo, van aumentando (Margarita Bofarull rscj). Por un lado, la contaminación, deforestación, industrialización desmedida, técnica e informática descontroladas, están causando mucho daño en la calidad de vida de las personas, y por otro lado, la droga, el narcotráfico, el sicariato, la delincuencia, la injusticia, la pobreza y el hambre, están segando la oportunidad de vida de muchos seres humanos.

Ante esta situación no basta que nos afecten dolorosamente la violencia y las exigencias de la vida diaria de las personas; menos aceptable aún resultaría que fuésemos testigos mudos del drama en que viven tantos hombres y mujeres, hermanos nuestros. Ante este escenario, hemos de sentirnos seriamente interpelados a tomar conciencia de los dinamismos que la provocan, y de los recursos que podemos utilizar como hermanos menores llamados a ser profetas de una misión confiada a nosotros.

A Dios gracias, el Evangelio, la Iglesia y la Orden nos dan luz en la noche oscura de nuestras vidas para generar vida y esperanza. El Salvador del mundo, se solidariza con nosotros. Viene a sacarnos del temor, a traernos Buenas Nuevas, alegría. Es el Enmanuel, el Dios-con-nosotros que se solidariza con la humanidad.

Nuestras Constituciones nos invitan a participar en las iniciativas de caridad, de justicia y de solidaridad, a predicar con las obras la reconciliación, la paz y la justicia. Somos invitados a vivir gozosos entre los pobres, débiles y enfermos, a compartir su misma vida, y a mantener nuestra peculiar cercanía al pueblo. Const. 4.4. No vivamos de espaldas a la dura realidad en que viven muchos de nuestros hermanos.

¿Qué más podemos ofrecer?

Tengo, la sensación de que tenemos mucho por aportar: nuestro carisma de minoridad, la vida fraterna, la alegría. Sólo nos falta creernos y ser conscientes de la riqueza que tenemos. Sería bueno tener esta conciencia y reconocerlo. Puede ser el primer paso en nuestro camino de conversión.

No seamos “pregoneros de calamidades”… estamos llamados a ser luz desde la LUZ… a dar buenas noticias como lo hicieron los pastores escuchando la buena nueva de los ángeles: “…los pastores se dijeron unos a otros: vayamos hasta Belén… Se fueron, pues, a toda prisa y encontraron a María, a José y al niño, recostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de este niño.” Lc 2, 16-17.

Francisco, por su parte, envía a Juan - su amigo -, a preparar el pesebre viviente para celebrar la navidad: “si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de Niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno». 1 Cel 84-87.

Hermanos queridos, demos un tiempo prudente a contemplar al recién nacido. Descansemos sobre la frescura de su vida nueva. Escuchemos su respiración y aliento. Dejemos que nuestra vida se estremezca ante su presencia encantadora, y luego, vayamos de prisa nosotros también como los pastores, a contar nuestra experiencia de encuentro con la Vida y con la ternura de un Dios hecho misericordia. Hablemos de un Dios-Humano que nos enriquece con su pobreza; prediquemos a un Dios que nos hace fuertes con su fragilidad; testimoniemos a un Dios pacífico que nos inunda con la frescura de su paz.

Celebremos sin prisas la Liturgia de la Navidad y compartamos la Noche Buena en Fraternidad. Invitemos a nuestra mesa a la gente que colabora con nosotros. Alegrémonos con ellos. Traigamos la alegría de Dios a nuestras casas.

¡Feliz Navidad 2012 y Próspero Año 2013!

Quito, 8 de diciembre de 2012

“Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María”

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Fraternalmente,

Hno. Vicente Quisirumbay, OFMCap.

Ministro Custodio

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