Tomás Abigail Cabrera Cuenca

(1914 -2012) + 29/05/2012

Unas palabras a mi querido viejo, familia y amigos de parte de Carlos (Wilson).

Deseaba que llegaras a los 100 años papá. Este deseo te lo había expresado cuando por corazonada te visité en octubre del año pasado, así mismo lo hicieron en diversas fechas Martha, Wenceslao y Julia, intuíamos tu partida. Es un deseo natural de que nuestros padres tengan larga vida, aspiración que nace del amor que tenemos a nuestros seres queridos. Tomás, papá querido, solo para decirte que nuestros proyectos son efímeros y pasajeros, así como la vida en este mundo, una flor que a la mañana brota y a la tarde se marchita.

A las puertas de tus 98 años, Dios lo ha querido así, que pases a formar parte de la vida que no tiene atardecer, ahora te encuentras compartiendo el abrazo amoroso y eterno del Padre.

Quiero hacer una breve memoria de tu presencia y de aquello que fue importante en tu vida. Siendo tu hijo menor, te conocí ya avanzadito de años pero con una energía de joven, tuve la fortuna de conocer la parte más amable de tu persona, ya que por el testimonio de mis primeros hermanos, no fue tan fácil para ellos, por tu dureza de carácter y temperamento.

Recuerdo que te caracterizó honestidad y lealtad en las decisiones de familia, tu boca siempre estuvo llena de historias bíblicas que ilustraron nuestra fe, también eras un cuentista fabuloso hasta el final de tu vida, lo pueden testimoniar tus nietos que compartieron su crecimiento contigo: John, Alexandra, Mayra, Bárbara, Denis y últimamente Oscar.

Fuiste una persona que amó y creyó en el valor de la familia, nos regalaste un abrazo sincero y una bendición en nuestras dificultades, solo para decirnos que teníamos que ser fuertes en nuestras adversidades. Lo demostraste en tus múltiples aprietos, por mencionar dos de ellos: en tu vejez padeciste 3 asaltos a mano armada, donde fuiste maltratado, torturado y debilitado en tus fuerzas; y la definitiva batalla del cáncer que afrontaste con mucha paciencia y abierto a la voluntad de Dios en tu vida.

Tomás, agricultor que amabas la tierra y conocías sus secretos, también ganadero incansable, desde tu apasionado trabajo, quienes compartimos de cerca contigo te conocimos como un buscador de sentido, sostuviste que el sentido de la vida es la felicidad, la misma que no se encuentra en las cosas, así lo demostraste con tu austeridad de vida que siempre te galardonó. Cuando conversábamos me decías “la cosa más importante no es saber para que cosa vives, sino para quien vives”. Así lo dejaste bien claro, la felicidad es abrirse a cultivar la armonía y amistad con Dios, la familia y quienes nos rodean, y todo lo demás viene por añadidura.

Un agradecimiento de corazón a quienes te acompañaron papá, cuando te valías por ti mismo, en especial a Martha, John y Karen, quienes te brindaron una mano generosa.

Aunque con lágrimas, mi gratitud a mi hermano Enrique, que con manos de madre te atendió y asistió en estos últimos meses, cuando pasabas a ser dependiente debido al deterioro de la salud; igualmente un agradecimiento a Cornelio que ha dado siempre una mano oportuna. Quienes nos encontramos a la distancia Martha, Wenseslao y mi persona, hemos aportado siempre un granito de arena, y sentimos la nostalgia de no poder haber estado en tus últimos momentos amado padre.

La vida es maestra de sabiduría, papá, no conocí en ti ningún miedo, pero me acabo de enterar de uno, que decías que para el momento de tu muerte tenías miedo de dar ese paso solo y abandonado, que lindo que no haya sucedido así, ya que en ese último momento te ha sostenido el abrazo de tu hijo querido Enrique, y digo que la vida es maestra de sabiduría porque, quien padeció en su adolescencia tu dureza de temperamento, al final te alivio y sostuvo en el único miedo que has expresado.

Finalmente, quienes conformamos la familia –mi madre Rosenda (desde aquí o en el cielo, allí donde se encuentre) Máximo, Julia, Enrique, Martha, Wenceslao, Cornelio y mi persona- expresamos un agradecimiento cordial a quienes comparten hoy el adiós en el funeral, pienso en la tía Magdalena y su familia, Germán Cabrera y esposa, sobrinos y nietos de papá. A todos quienes participan de este último adiós, gracias de corazón: familia, amigos y vecinos.

Gracias Padre Vicente (celebrante de la misa del funeral) eres compañero y amigo de aventura en la fe y en el seguimiento de Jesús, gracias por tu entrega y cercanía a mi familia desde tu servicio como superior de los hermanos de la Viceprovincia de la Inmaculada Concepción del Ecuador, gracias a los hermanos de la comunidad por las condolencias y palabras de ánimo y conforto.

Ahora, Tomás, descansa en paz junto a la tumba de tu padre (abuelo Manuel), así como era tu deseo.

 

Carlos Cabrera.

Roma, 31 de mayo de 2012.


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