Queridos hermanos, Paz y Bien

¡Cristo ha resucitado!

 

Esta es la buena noticia que la Iglesia nos anuncia y que nosotros en su nombre proclamamos con alegría. Es la experiencia de las mujeres que la madrugada del domingo fueron al sepulcro para embalsamar el cuerpo del Señor y que sorprendidas contemplan la tumba vacía, para luego, ser las primeras testigos de la resurrección del Señor y las primeras misioneras en darlo a conocer. “Fueron María Magdalena, Juana, María la de Santiago y las demás mujeres que estaban con ellas las que comunicaron estas cosas a los apóstoles” Lc 24,10.

De esta experiencia, como de otras que vemos en los relatos de los evangelios, nace nuestra fe. Es el génesis del cristianismo que comienza con la experiencia del encuentro personal con Jesucristo resucitado. Encuentro que marca y que cambia los paradigmas de los mismos testigos oculares de la resurrección.

Si hacemos memoria de lo acontecido en la Pasión, los discípulos de Jesús, estaban llenos de temor, hasta el punto mismo de negarlo. Se habían escondido cobardemente e incluso algunos de ellos, estaban volviendo a sus lugares de origen y buscando retomar sus actividades anteriores. Creían realmente que el mesianismo liberador de Jesús había fracasado. Y, con este fracaso, todo el sueño de liberar al pueblo oprimido de Israel. De liberarse a sí mismos. No bastaron los milagros y signos que hablaban por sí mismos de Jesús. Tampoco las palabras cargadas de verdad profetizando su pasión. No habían comprendido nada. Incluso varios de los discípulos dudaron de la veracidad de las apariciones. “Si no veo las señales dejadas en sus manos por los clavos y no meto mi dedo en ellas…no lo creeré” Jn 20, 25. “¿Por qué surgen dudas en su interior?...” Lc 24, 38.

Y sin embargo, la resurrección se dio sin lugar a dudas. Una vez que el Paráclito, el Espíritu del Señor, inunda la vida de los apóstoles, éstos sin contemplaciones salen a las calles y plazas para pregonar la Buena Nueva. “A este Jesús, Dios lo resucitó y de ello somos testigos todos nosotros…” Hch 2, 32. Sin duda, los discípulos se han encontrado con Jesús resucitado, cara a cara. Entonces, ¿Hay alguna duda que contemplar? Ninguna, todo queda claro. No dejemos que la experiencia viva de Jesús resucitado en nuestras vidas se apague, llenémonos de la fuerza de su Espíritu; necesitamos dar a conocer esta verdad. La humillación del Maestro, su anonadamiento voluntario, su silencio y triunfo en la cruz, tiene que llevarnos a la identificación completa con el Señor resucitado y a comprender que hemos sido rescatados gratuitamente por el precio de su sangre. “Hemos sido salvados por pura gracia” Ef 2,5. El Encuentro con Jesús resucitado nos lleva a afirmar con el apóstol Pablo. “Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe” 1 Cor 15,14. Hagamos nuestro el proverbio del apóstol de los gentiles. Hermanos, que este tiempo pascual nos llene de paz y que la experiencia del encuentro personal con el Resucitado nos haga sus testigos fidedignos. Hagamos presente a Jesús vivo en nuestras fraternidades y en nuestra misión.

Felices Pascuas de resurrección

 

Fraternalmente,

 

Hno. Vicente Quisirumbay, OFMCap.

Ministro Viceprovincial

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