La  Navidad ha llegado hasta las puertas de nuestros corazones y de nuestras casas ¡No ha venido con las manos vacías! No, por el contrario ha venido con la plenitud de Dios, ya que Él mismo ha venido hasta nosotros para quedarse en nuestras vidas. Se ha metido en el entresijo de nuestra agitada existencia para regalarnos su Salvación.

 

¡ Sálvanos !

La  Navidad ha llegado hasta las puertas de nuestros corazones y de nuestras casas ¡No ha venido con las manos vacías! No, por el contrario ha venido con la plenitud de Dios, ya que Él mismo ha venido hasta nosotros para quedarse en nuestras vidas. Se ha metido en el entresijo de nuestra agitada existencia para regalarnos su Salvación.

Jesús está ya en medio de nosotros y no ha venido para estrenar un tour por esta tierra. Ha venido precisamente porque lo necesitamos, porque sin El no podemos ser felices. Esto lo sabemos porque lo hemos experimentado tantas veces en nuestra vida personal y fraterna. Sin Él todo es confusión, mediocridad, división, dispersión, injusticia. Con Él todo vuelve a la armonía, a la Vida en Abundancia, a la Alegría Plena, a la unidad íntegra, a la justicia como vida para todos. Él mismo nos dice: Sin mí no pueden hacer nada.

El Dios con Nosotros nos trae la Alegre Noticia que es su persona misma. Llega en el deleznable cuerpo de un niño indefenso, para hacernos entender que la fuerza de Dios no está en la prepotencia de las palabras ni de las de las acciones, ni siquiera en el dominar a los demás que a veces tanto nos gusta. Él ha llegado hasta nosotros con el frágil vestido de la no violencia y de la misericordia, expuesta en la humildad de su cuerpo y de toda su vida desnuda en el pesebre y en la cruz.

El niño Jesús, encarnado en pobreza comparte desde dentro la condición  de los excluidos que no son recibidos en ningún lugar porque estorban y no son importantes. Desde el comienzo Jesús niño, siente el rechazo que brota de nuestra humanidad al no tener sitio en la posada junto a María y José, porque son pobres. Y Juan nos taladra su recuerdo: Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron.

Queridos Hermanos de nuestra Viceprovincia que estamos en esta familia capuchina por la llamada de Jesús, no dejemos pasar de largo esta fiesta grande para encontrarnos con Jesús de persona a persona, o como diríamos de tú a tú. Dejemos que Él nos encienda en su fuego y llevemos su amor a todos los demás, especialmente a nuestros hermanos de fraternidad y a nuestros vecinos. Démonos espacios y tiempos prolongados para estar con Jesús y contemplemos su misterio que nos golpea la puerta del corazón y quiere entrar y cenar con nosotros: Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.

Emanuel  está ya aquí. Dejemos que entre y que de una vez por todas nos salve de todo aquello que no podemos superar por nuestra limitada condición.

Verbo de Dios, ya presente entre nosotros, por tu amor encarnado: ¡Sálvanos!

¡Feliz Navidad Hermanos!

Hno. Adalberto Jiménez, OFM Cap.

Ministro Viceprovincial

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