En la fiesta de nuestro Padre san Francisco
Quito, 03 de octubre de 2014
 
Francisco, “repara mi Iglesia”
 
Queridos hermanos, paz y bien.
Estamos celebrando la fiesta de Francisco de Asís, nuestro Padre y hermano. ¡Cómo no recordar su vida apasionada por Jesucristo y su evangelio!
Me viene a la memoria la escena de Francisco frente al Cristo de San Damián. El Cristo le habla diciéndole: “Francisco repara mi Iglesia que amenaza a ruinas”.
Inmediatamente Francisco se pone traje de albañil y comienza a reparar la iglesia de piedra, creyendo que esa era la misión encomendada, pero en este intento de reparar ermitas derruidas, se da cuenta que lo que el Señor le pide es otra cosa: es mucho más profundo y esencial, que tapar grietas y embellecer edificios. El Señor le pide reparar a las personas más que el edificio. Reconstruir sus vidas taladradas por el sufrimiento y la exclusión a fuerza de afecto, cercanía, misericordia y amor.
Le pide mirada limpia, corazón puro. Sin juicios. Devolviendo la dignidad a las personas, haciéndolas capaces de entrar en su propio corazón para entender que son creaturas amadas de Dios.
También entre nosotros, los hermanos, necesitamos repararnos, mirarnos con ojos de bondad, escucharnos y animarnos. Acercarnos más a la persona en sus distintos niveles, con la mirada penetrante y compasiva del Maestro. De otra manera, no puede haber reparación.
Necesitamos fijar nuestra mirada en Francisco que repara la vida del leproso. Allá le envía Jesús. Paradójicamente, a veces nuestra sociedad, y nosotros otro tanto, nos preocupamos de embellecer nuestros templos, instituciones, casas y habitaciones, pero nos olvidamos de lo esencial: “la persona”. Lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo estamos, cómo nos sentimos? ¿Estamos abiertos a que nos reparen? ¿Queremos ser reparadores como Francisco?
Francisco queda curado de su narcisismo, reparando. Sale de su propio centro, dándose a los demás. Se convierte en el reparador, reparado.
El Papa Francisco en su magisterio nos anima constantemente a ser una Iglesia en salida, alegre, que escucha, que lleva el abrazo de Dios a los demás, que entiende que la ternura nos hace bien. En una palabra, nos pide que vayamos hacía las periferias físicas y existenciales para sembrar el amor… Acojamos la invitación. Dios nos habla desde ahí.
Que la experiencia de fe de nuestro Padre, el pobrecillo de Asís, nos mueva a compasión entre nosotros los hermanos, y que sigamos animados en la reconstrucción de nuestra fraternidad universal.
 
¡Feliz fiesta hermanos!
Que Francisco nos alcance la paz de Jesucristo el Señor.
 
Hno. Vicente Quisirumbay
Custodio


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