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Sexta carta del Ministro General

COVID-19

Queridos hermanos, ¡El Señor les dé la paz!

 

A todos los Superiores Mayores

A todos los hermanos

en sus Sedes

 

Desde hace un tiempo he cultivado el deseo de volver a escribirles para que todos podamos sentirnos involucrados y unidos, simplemente compartiendo algo de lo que estamos viviendo.

Como todos sabemos, la pandemia continúa su camino, con olas en diferentes momentos en las distintas áreas en las que vivimos, y con los condicionamientos que afectan también nuestra vida y actividades. Aquí en Europa, después de la difícil situación inicial, hubieron algunos meses de relativa tregua, durante los cuales se han vivido algunos momentos importantes, como la unificación de las tres Provincias del centro de Italia - Umbria, Abruzzo y Lazio - en la nueva Provincia Seráfica de la Inmaculada Concepción, la celebración de algunos Capítulos, la beatificación de Carlo Acutis en Asís y las celebraciones habituales de San Pío y San Francisco. En todas partes hemos tenido mucho cuidado, aplicando las medidas recomendadas para evitar posibles contagios. Así que en casi todos los encuentros no hubo consecuencias desagradables, salvo en el capítulo de Cracovia, tras el cual varios hermanos contrajeron el virus. También fr. Piotr Stasiński, consejero general, ha experimentado esto, pero ahora al parecer lo ha superado positivamente.

En otras Circunscripciones -España, Austria, Eslovenia y Croacia- la situación personal y/o social y sanitaria convenció a provinciales y Consejos a solicitar que se proceda a la nómina. Esto también sucedió con algunos Capítulos en Norteamérica: alguno se celebró, limitándose a lo estrictamente necesario y posponiendo el intercambio de temas para tiempos mejores; para otros llegó la solicitud de la nomina. Lo mismo sucedió con algunas Circunscripciones en el resto del mundo. En nuestro sitio web encontrarán novedades actualizadas de vez en cuando.

Al mismo tiempo, y teniendo en cuenta las indicaciones de nuestras Constituciones, muchos eventos, Capitulares y no, siguen postergándose unos meses, con la esperanza de que la situación mejore. En definitiva, a pesar de la dificultad de reorganizar todo del día a día, también es saludable considerar que la vida no se detiene. En efecto, quizás sea apropiado reanimarnos todos: si no podemos reunirnos en persona, no significa que tengamos que dejar atrás todos los programas de formación y crecimiento que hemos organizado o que están en agenda para las Conferencias, las Circunscripciones, las Comisiones a todos los niveles, la vida de las fraternidades. Muchos, disponiendo de las posibilidades de la tecnología moderna continúan las actividades. Me alegro e invito a todos, según las posibilidades, a seguir su ejemplo.

Dado que la pandemia está lejos de terminar, debemos seguir cultivando la prudencia, sobre todo en la adopción, adecuándose a las situaciones, de medidas, ya bien conocidas por todos, de protección consigo mismo y hacia los demás. Recordamos que, si bien, el número de hermanos contagiados no es muy alto en proporción a cuántos somos (al menos por lo que parece por las noticias que llegan a la Curia), es también dolorosamente cierto que para varios de nosotros el virus ha constituido el tiempo de regreso al Padre. En efecto, a estas alturas nos han dejado unos cincuenta hermanos; de los últimos fallecidos, algunos tenían menos de cincuenta años. Para ellos, nuestra oración sube al Señor para que los reciba en su misericordia. Para nosotros el deber de continuar el camino con responsabilidad.

Como bien comprenderán, también yo, desde tantos meses, he tenido muy pocas posibilidades de visitarlos. Pero me alegra saber que muchos de ustedes están trabajando, incluso arriesgando, en partes, su propia salud, para ayudar en nuestras posibilidades a los que están en mayor dificultad que nosotros. Será solo una gota, ¡pero eso vale un mar a los ojos de Dios! Gracias, en nombre de toda la Orden.

Todos podremos encomendar confiadamente nuestra vida, las realidades en las que vivimos y toda la Orden en las manos de Dios, apoyándonos recíprocamente en la oración asidua, y seguros de que el Señor sabe bien cómo conducir el destino de cada uno y de toda nuestra fraternidad.

¡Saludándoles, invoco que les alcance la abundantemente bendición de Dios!

Roma, 29 de octubre de 2020

Hno. Roberto Genuin

Ministro general OFMCap.

 

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