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Cuaresma

Tiempo de encuentro con Dios y los hermanos

Retiro de cuaresma 2012

 

 

Queridos hermanos, Paz y Bien

Hemos iniciado el tiempo de Cuaresma y, con este espacio privilegiado, el deseo de renovar nuestro compromiso con Dios. Abramos el corazón a la acción del Espíritu Santo para que dinamice y transforme nuestra vida.

La tradición de la Iglesia nos dice que la Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión y preparación a la gran fiesta de la Pascua. La escucha y meditación atenta de la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al sacramento de la Reconciliación, la Eucaristía y la práctica de la Penitencia, son medios indispensables para alcanzar esta meta.

El tiempo de Cuaresma, además, facilita el encuentro con Dios desde el silencio y la oración. Aprovechemos estos dos momentos importantes para centrar nuestra vida en Dios.

Estamos invitados también y, de manera especial, al ejercicio de la caridad como el espacio propio para el encuentro con el hermano. Cada día y, durante toda la vida, hemos de quitar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia y todo lo que se opone a nuestro amor a Dios y a los hermanos. El Santo Padre Benedicto XVI, en su mensaje sobre la Cuaresma, nos invita a fijarnos en el Otro y en los otros. Nos propone tres aspectos fundamentales para nuestra vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal. Podemos decir, basados en estos principios, que la Cuaresma es también un tiempo de perdón y de reconciliación fraterna.

El hno. Luis Carrillo -a quien desde ya agradecemos la disponibilidad y servicio fraterno- nos ofrece la reflexión siguiente con ocasión de la Cuaresma. En ella, se destaca la importancia de la renovación interior como elemento esencial para nuestra vida cristiana y carismática.

Acojamos la reflexión propuesta y compartámosla al interior de nuestras fraternidades.

Caminemos con la bendición de Dios

Hno. Vicente Quisirumbay

Ministro Viceprovincial

 

 

RETIRO DE CUARESMA

 

INTRODUCCIÓN

Con el ayuno y el rito de la imposición de la ceniza entramos en la Cuaresma, pero ¿qué significa “entrar en la Cuaresma”? Significa iniciar un tiempo de particular empeño en el combate espiritual que nos pone al mal presente en el mundo en cada uno de nosotros y en torno a nosotros. Quiere decir, mirar al mal cara a cara y disponernos a luchar contra sus efectos, sobre todo contra sus causas, hasta la causa última que es Satanás. Significa no descargar el problema del mal en los demás, en la sociedad o en Dios, sino reconocer las propias responsabilidades y afrontarlo conscientemente.

A este propósito, resuena con mucha urgencia, para nosotros, la invitación de Jesús a que cada uno tome su cruz y lo siga con humildad y confianza (Mt 16,24). La cruz, por pesada que sea, no es sinónimo de desventura o de desgracia que hay que evitar lo más posible, sino de oportunidad para seguir a Jesús y así adquirir fuerza en la lucha contra el pecado y el mal. Por tanto, entrar en la Cuaresma significa renovar la decisión personal y comunitaria de afrontar el mal junto con Cristo. En efecto, el camino de la cruz es el único que conduce a la victoria del amor sobre el odio, del compartir con los demás sobre el egoísmo y de la paz sobre la violencia. Vista así, la Cuaresma es en verdad una ocasión de fuerte empeño ascético y espiritual, fundado en la Gracia de Cristo.

“Conviértete y cree en el Evangelio”, acojamos esta invitación que nos hace la liturgia del miércoles de ceniza y entremos con fe en la Cuaresma para vivir con alegría interior y empeño generoso este tiempo de gracia. Dejémonos llevar sin temor por el Espíritu Santo para seguir más de cerca a Cristo en su camino hacia la Pascua. Pidamos a María y a Francisco que intercedan por nosotros, para que sepamos responder con generosidad a la llamada que Dios nos hace a la conversión y a la renovación de nuestra vida capuchina.


1. CUARESMA TIEMPO FUERTE

CUARESMA tiempo para decidirse por la muerte o por la vida.

* Cuaresma es tiempo de escucha atenta de la Palabra, de meditación profunda y de respuesta sincera.

* Tiempo de prueba y de crecimiento en la fe.

* Penetramos con Cristo en el desierto para descubrir nuestro camino.

* La Cuaresma es un “tiempo fuerte” que debemos vivir intensamente.

* Su proceso es muy claro: preparar la Pascua del Señor y nuestra propia Pascua.

* La Iglesia se suma en este tiempo a la Pascua de Cristo con particular atención, se incorpora al paso que Él da a la nueva vida, que es vida para Dios (Rm 6)

* Por eso la Cuaresma es llamada a la conversión.

* Y actualización de la vivencia del Bautismo, que fue nuestra primera incorporación a la muerte y resurrección con Cristo, lucha contra el pecado y paso por el desierto y, en definitiva, resurrección a una nueva vida en y con Cristo Jesús.

 

Los medios para este programa espiritual son:

La oración: o sea, la meditación de la Palabra de Dios, la oración personal y fraterna; sobre todo la celebración de la Eucaristía y del sacramento de la Penitencia. La oración nos sitúa decididamente de cara a la Pascua de Cristo, dando dimensión cristiana y franciscana a todo lo que hagamos estos días.

El ayuno: con lo que representa de renuncia a las tendencias a las que continuamente nos estimula nuestra sociedad de consumo; un ayuno adecuado, pero eficaz, puede recordarnos oportunamente la relatividad de la vida de los sentidos, y la preeminencia en los valores del espíritu.

La caridad: es el núcleo de la vivencia cuaresmal: incorporarse a la Pascua de Cristo significa imitar su actitud fundamental de Pascua, que es la entrega de Siervo a favor de los demás, especial de los pobres – los excluidos - los más necesitados.

Todo esto es tarea nuestra como Capuchinos, que tiene que notarse en la oración personal y fraterna, que sea más fervorosa y preparada en este tiempo; un ayuno que tenga también la dimensión fraterna; una caridad que caracterice y exprese la renovada conversión de los Capuchinos que se prepara para la Pascua.

 

2. ¿CUARESMA EN LA ORACIÓN O EN LA VIDA?

La Cuaresma se celebra fundamentalmente en la vida, antes que la oración, el vía crucis y la Eucaristía, el franciscano–capuchino debe vivir la Pascua del Señor en su propia existencia las veinticuatro horas del día, con una actitud pascual de conversión y paso a una nueva vida, que es vida de entrega a Dios y a los demás, especialmente a sus hermanos de comunidad.

También Cristo vivió su Pascua, antes que en sus últimos días de su pasión – muerte – resurrección, en toda una vida que primero fue de trabajo cotidiano y anónimo y luego de entrega laboriosa a la evangelización de las multitudes. Esa fue su actitud de entrega vivida a lo largo de años. En la cruz se expresó en el gesto culminante.

Pero este proceso cuaresmal – pascual tiene unos momentos privilegiados, que a la vez expresan una actitud vital y por otra parte la alimentan los momentos de oración y celebración sacramental.

El Capuchino, siguiendo las huellas de San Francisco, escucha la Palabra de Dios, recibe y celebra la gracia sacramental que Dios le ofrece; y aprende a profundizar en su vida y verlo todo a la luz de Dios y de Cristo Resucitado.

Sin estos momentos de oración personal y comunitaria, difícilmente podría mantener la unión con Cristo apóstol y dar una dimensión de profundidad franciscana a su tarea apostólica.

Por eso, en su periodo cuaresmal, la fraternidad debe cuidar, en el contexto de su vida de Pascua, sus celebraciones comunitarias de oración.

 

3. VALORACION DE LA EUCARISTIA DURANTE LA CUARESMA

La Eucaristía debe centrar la Cuaresma de la fraternidad. La Eucaristía es precisamente el memorial de la Pascua de Cristo, a la que nos queremos preparar e incorporar. Es el sacramento y signo eficaz de la Pascua de Cristo, de su muerte en la cruz y de su renacer a nueva vida. La Eucaristía es el signo sacramental de la entrega de Cristo en la cruz.

Pero, a la vez, la Eucaristía es signo y sacramento de nuestra Pascua o sea de nuestra entrega al Padre. Nosotros no podemos celebrar continuamente la muerte de Cristo sin dejarnos contagiar de su misma actitud de entrega y obediencia. Esta actitud la copiamos en toda la vida. Nos vamos sumando a la liberación pascual de Cristo y vamos ofreciendo en cada Eucaristía tanto al sacrificio de Cristo como nuestro propio sacrificio de cada día.

Así, la Eucaristía es -a la vez- sacramento de la pascua y sacramento de nuestra vida de conversión y entrega.

En este sentido, toda la vida de la fraternidad se expresa en la celebración de la Eucaristía. Ofrecemos a Dios junto, con la muerte de Cristo, nuestra propia muerte de cada día, nuestros esfuerzos y nuestras ilusiones, nuestras vidas.

Nuestro Seráfico Padre San Francisco “Ardía en fervor, que le penetraba hasta la médula, para con el sacramento del Cuerpo y Sangre del Señor… Comulgaba con frecuencia y con devoción tal, como para infundirla también en los demás. Como tenía en gran reverencia lo que es digno de toda reverencia, ofrecía el sacrificio de todos los miembros, y al recibir al Cordero inmolaba también el alma en el fuego que le ardía de continuo en el altar del corazón” (2Cel 201)

Valorar la celebración de la Eucaristía en Cuaresma debe ser la preocupación primera del animador en cada fraternidad.

Queridos hermanos, acojamos este tiempo de llamada a la conversión como un camino para renovarnos interiormente, démonos tiempo para escuchar a Dios en su Palabra, en la Eucaristía, en los Hermanos, en los necesitados y en nosotros mismo.

No dejemos pasar esta oportunidad que Dios nos regala para acercarnos un poco más a Él; acojamos este misterio de Muerte y Vida al mismo tiempo de Pasión y Resurrección, como el mejor regalo que Dios nos da.

 

PREGUNTAS PARA LA REFLEXION

a) Como Capuchinos: ¿qué importancia le damos a la Cuaresma?

b) La Oración: ¿es nuestro motivo de encuentro personal y fraterno con Cristo?

c) La Eucaristía: ¿es el centro de mi vida personal y fraterna?

d) Como Fraternidad Viceprovincial y Local: ¿qué gesto de solidaridad vamos a tener en esta Cuaresma, con nuestro prójimo especialmente con los que están sufriendo a consecuencia de los azotes de la naturaleza?

 

OREMOS CON SAN FRANCISCO

“Santísimo Padre nuestro, creador, redentor, consolador y salvador nuestro. Perdona nuestras ofensas, por tu inefable misericordia, por la virtud de la pasión de tu amado Hijo y por los meritos e intercesión de la beatísima Virgen María y de todos tus elegidos. Amén”

 

 Hno. Luis Carrillo

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