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Desde el río Napo - Los piratas del río

Día 5 de febrero. Próximo a la bocana del río Tiputini (en lengua omagua "Tiputini" quiere decir "río de arena"). El Napo lo recibe lánguido, perezoso... Su nivel está muy bajo. Apego como puedo en la orilla. Ato la soga en un tronco cercano. A duras penas salgo al camino; el lodo me llega hasta la orilla.

Llegó caminando a la desembocadura del Tiputini con el Napo. ¡Oh, sorpresa!. Ninguna canoa se ve para que me pasen a la otra orilla. Grité fuerte: "Yanapawapay, chimbawapay" (por favor, ayúdame; pásame a la otra orilla, por favor").

Un ángel vestido de mujer, remando suavemente, con calma amazónica, se presenta con un encanto especial. No emite ni una palabra. Silencio...

El poeta capuchino Damián Iribarren escribió con acierto:

"Tan solo en el silencio está la luz,

encuentra su sentido la palabra,

se borran superficies mancilladas

y toca el alma

el último cimiento de la vida."

 

Aquel ángel me conduce a la otra orilla. Cultura del encuentro!

Al llegar al centro comunitario de la comuna Boca Tiputini explicó al catequista César Alvarado lo sucedido. Éste llama al capitán Juan. Y organizan el operativo de rescate. En moto van al bote; José Miguel Ajón , enlodado como yo, recoge los 8 catecismos de confirmación que les traía; otro, conduce nuestro bote " Tucunari " dejándomelo en un lugar perfecto para arrancar después.

Me quedo sorprendido. Ellos gozaban ayudándome. Quizás me vieron con un aire desvalido. Quizás me miran con buenos ojos diciéndose: "no es de los nuestros, pero nos aprecia". No lo sé. ¡Cuánto valoro estos gestos prácticos!.

Permanezco con ellos toda la tarde compartiendo, sentado, la sesión comunitaria. En ésta se tocan todos los temas posibles de su "urdimbre vital"

La presidenta Mary Grefa dirige la reunión con tono suave, conciliador y en ocasiones enérgico. Interrumpe la sesión por un rato: nos invita a comer pescado con arroz. A todos alcanza: somos 250 personas aproximadamente. Antes distribuyeron chicha de yuca en tazones de un litro. ¡Salud, salud!

Respirando ese espíritu comunitario celebramos la eucaristía. Compartimos la Palabra y el Pan, ya presentes entre ellos, veladamente. Me siento evangelizado por ellos, aprendiz de sus valores comunitarios que vienen de lejos.

Recibo un masaje de energía positiva; dulzura interior; espíritu de comunión; con "un no sé qué que queda balbuceando".

Cerca de aquí vivieron los omaguas huidos de la servidumbre hasta fines de 1750. A estos indígenas de la rama tupí guaraní se les llamó “los piratas del río”. Eran expertos navegantes y guerreros que nos dejaron como herencia unas hermosas cerámicas recogidas en el MACCO (museo arqueológico de Coca).

Por estos parajes naturales, al sur de la desembocadura del río Tiputini en el Napo, existía una reducción jesuita en 1753 llamada "nombre de Jesús".

Pisamos, pues, tierra sagrada. Discípulos de San Ignacio de Loyola nos precedieron. Ahora intentamos, con amabilidad franciscana, retomar la Alegría del Evangelio y apoyar la vida en esta época de Covid y conflicto en Ucrania.

A las personas como los que habitan hoy en Boca Tiputini (naporunas de habla Kichwa que tomaron el relevo de los piratas legendarios omaguas), parece que Jesús viene a comunicarles, en la carrera hacia la "tierra sin mal" : "dichosos ustedes" .

Chailla! (Eso no más).

Jesús Eugenio Jáuregui Arbizu

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